
Roberto.
A REPLANTEAR NUESTRA SOCIEDAD, A CONSTRUIR OPINIÓN, A PUTEAR, A ALZAR LA VOZ. DAMAS Y CABALLEROS SEAN BIENVENIDOS TODOS (TU SOLO)

Se aproxima una nueva Teletón y leyendo algunos artículos, post, y panfletos varios, se me ha antojado escribir sobre la presunta solidaridad de los chilenos.
Vivimos en un país en que las cifras indican que la economía mejora, por lo menos para los grandes. “...con los informes de los resultados del primer semestre de las empresas se pudo observar que se estaba en una buena etapa, con un 52% de las Sociedades Anónimas incrementando sus beneficios, eso se ratificó en este tercer trimestre, donde las compañías que tenían plazo hasta ayer lunes para presentar sus estados financieros mostraron un alza de 50,68% en sus utilidades y más de US$6.000 millones en ganancias a septiembre”. (fuente: terra 28 de octubre) Por otra parte las diferencias de ingreso entre adinerados y la plebe son monstruosas, como en pocos lugares del orbe.
¿Cómo encaja la caridad en tal entorno? Existen diversas maneras de enfocar el tema, de ellas elijo dos. La primera de ellas es la de quienes deciden “ponerse”. Sus motivaciones pueden ser múltiples, desde el sincero interés en mejorar la vida de aquellos a quienes se ayuda, pasando por la necesidad a veces bastante superflua de tranquilizar la conciencia de aquellos más sentimentales, hasta una lógica utilitarista que entiende la caridad como un negocio, un asunto de imagen. El espectáculo de la Teletón nos permite identificar claras expresiones de aquellos y otros impulsos. Así, por ejemplo, el Banco de Chile pasa, de ser un gigante del comercio del dinero cuyos operarios no dudarán en dejar en la calle a quien no sea capaz de pagar su hipoteca, a ser “el banco de la teletón”: En cuanto a las estrellas de la farándula criolla que “aportan su granito de arena, entregando lo que saben hacer”, muchas veces ni siquiera tienen la preocupación de ocultar sus conflictos de figuración, que revelan un interés paralelo, sea secundario, primordial o único: potenciar sus carreras. Por otra parte buena parte de los chilenos, conmovidos por trágicas historias que se difunden en la maratón televisiva, entregarán algunas lucas que les sobren, sintiéndose verdaderos filántropos. Algunos, tanto o más necesitados que los destinatarios de la campaña, se privarán de calorías indispensables para su nutrición por ayudar a los lisiados. En síntesis: De todo.

A mi juicio es el otro enfoque el que nos acerca a respuestas más definitivas. El de los destinatarios y el de aquellos que sufriendo una eterna postergación, podrían serlo. Porque para la Teletón el caballito de batalla, en principio, son los “niños impedidos”, del mismo modo que al recaudar fondos para los enfermos de SIDA, parece que sólo resulta procedente solicitar dinero si se pretende entregar a los niños que lo padecen. Evidente: junto con la apreciación sobre la necesidad de espantar los cocodrilos del bolsillo, automáticamente el chileno formula un juicio moral, del cual, en general, sólo resultan indemnes los niños. Por eso resulta muy difícil pedir ayuda económica para la rehabilitación de los alcohólicos, delincuentes e incluso para los indigentes adultos. Es una manera de ver la realidad, legítima como cualquier otra. Así un barbón presidente de los Estados Unidos, republicano por cierto, dijo en una oportunidad “nadie puede ayudar al hombre, haciendo lo que éste puede hacer por si mismo”. ¿Entonces sólo consideramos legítimo ayudar a quienes lo merecen? ¿No podemos dejar de pensar, antes de romper el chanchito, en como llegó una persona a transformarse en impedido, enfermo o mísero? Pues bien, a quienes entregarán dinero en esta oportunidad, les recuerdo que junto con ayudar a aquel joven que tras un accidente de tránsito nunca más podrá caminar, también apoyará al otro muchacho, hoy tetrapléjico, que iba manejando el vehículo ebrio a su lado.
Si ampliamos esas reflexiones y alguna vez concluimos que la caridad no debiera estar condicionada por apreciaciones moralistas, quizás ese día Chile pueda ser considerado un país de hombres y mujeres solidarios. Antes no.










En el fondo estoy bastante de acuerdo contigo, pero creo que ciertos términos no son compatibles con mi estructura de pensamiento. Creo en la estricta separación entre el plano de las ideas y de los hechos y recuerdo que, en su oportunidad, al derogar el artículo 8ª original de la Constitución del 80, (1989) nadie afirmó que propagar doctrinas que atenten contra la familia o propugnen la violencia o una concepción del Estado, o del orden jurídico de carácter totalitario, fuese una conducta socialmente valiosa, solamente se sostuvo, y en eso hubo un amplio consenso, que sancionar cualquier postura ideológica que no trascendiera al mero ámbito de las ideas (ojo que siempre se tuvo a la vista a la extrema izquierda) era incompatible con la plena vigencia de un estado social y democrático de derecho.
¿Qué pasa entonces si ya no hablamos de lucha de clases ni de atentar contra la familia sino de razas superiores y de atentar contra quienes tienen otro color de piel? ¿Estamos dispuestos entonces a reimplantar una suerte de "negativo del artículo 8º"? Aunque aparentemente son sólo preguntas retóricas, las respuestas parecen ser afirmativas. Así como nadie dudó en calificar de acertadas las condenas de Nüremberg, pese a que se gestaron en flagrante contravención a los principios jurídicos más básicos de nuestros tiempos. En el fondo se trataba de hacer "justicia".
Pues bien, creo que entre plantear derechamente la intolerancia contra la intolerancia y limitarse a sostener la aplicación de penas más severas a aquellos delitos motivados por la ideología nazi o neonazi, o el castigo a la actuación organizada de grupos centrados en atentar contra los derechos de las personas por su origen nacional o racial, (una asociación ilícita como cualquier otra) existe una diferencia importante: la existente entre intolerancia y criminalidad. Creo que dejar de considerar tal distinción hoy en día no sería ilegítimo ni menos aún impopular. Pero hace bien recordar a la poblada que lincha al violador, a los pseudo magistrados de cualquier Nüremberg y a todo aquel que toma justicia por propia mano, que si en algún momento decidimos tener normas y respetar la libertad de conciencia, fue en serio.
Entonces... A seguir siendo intolerantes con la intolerancia, movilizándonos contra la irracionalidad, pero siempre recordando que cuando aislamos a un sujeto por el sólo hecho de ser nazi y pensar como nazi, lo hacemos, pese a que al fundar nuestra comunidad le dijimos que tenía ese derecho. Si da el paso siguiente y mata a un punk en el Bío Bío, entonces deberemos tener en cuenta que no tener piedad al aplicar la ley, entonces será nuestra prerrogativa inalienable.
Roberto

