10 de julio de 2013

EL ABORTO EN LOS TIEMPOS DEL TWITTER.




Habitualmente cuando ocurren desgracias que afectan a la vida, salud o propiedad de las personas en nuestro país, escuchamos el clamor popular, canalizado a través de diversos medios, (entre los cuales las redes sociales van cobrando creciente protagonismo) reclamando el enjaulamiento de los culpables. Lo ocurrido a Belén, la menor de once años embarazada como consecuencia de mantener relaciones sexuales con su padrastro, quién resulta evidentemente culpable del delito denominado doctrinariamente “violación impropia” previsto y sancionado en el artículo 362 del Código Penal,  ha dado lugar a un escenario diferente, en que más que centrarse en el reclamo de castigo al culpable (el cual aparentemente se asume como realizado, encontrándose el imputado en prisión preventiva)  las voces se han alzado reclamando una legislación penal de excepción que se haga cargo se situaciones como esta.

Lo anterior a mi juicio es un error por diversas razones. La primera de ellas es en mi opinión la más importante, consistente en asumir que la prioridad es modificar la legislación penal vigente. Muy rara vez la solución a los problemas de convivencia (sana o insana) se encuentra en los códigos punitivos  y habitualmente es el primer recurso al que se echa mano. Centrémonos en el caso de excepción que nos convoca: La legislación penal actual supone que a la joven no se le podría sancionar por causar su aborto (evidente, es penalmente inimputable por ser menor de catorce años) y quienes lo causaran o participaran en él (si ella o sus parientes directos así lo solicitaran, cuestión que ya nos saca de la situación excepcional que se nos presenta) en general estarían exentos de responsabilidad penal sea por cuestiones de falta de antijuridicidad o de culpabilidad. Si se argumentara que la conducta es penalmente reprochable de todos modos, las salidas alternativas, o beneficios alternativos al cumplimiento de penas privativas de libertad que en este caso, dada situación, serían de una extensión mínima, terminarían, insisto, sólo si somos bastante talibanes con la apreciación de la estructura del delito, con castigos meramente simbólicos. Terminamos, en definitiva, perdidos en una marañana de árboles que no nos dejan ver el bosque.

Creo que el segundo gran error en que se está incurriendo es pretender que sea prioridad que la legislación penal se haga cargo de una situación excepcional excepcionalísima. Cada vez que así se ha hecho se han incorporado fragmentos inconexos e ilógicos de normativa que resultan siendo absolutamente asistemáticos.

En definitiva lo que NO se está haciendo es hacerse cargo del problema normativo de mayor alcance y relevancia. Imagine que simplemente el Código Penal no sancionara el aborto. Si Belén optara por él ¿existe un logar seguro donde pudiese practicarlo? ¿Profesionales idóneos? 

Usted, que defiende la vida del que está por nacer desde la concepción  (Así como Usted que plantea que abortar es un derecho de la mujer, mientras se trate de su cuerpo, y que en este caso lleva las de perder con la institucionalidad vigente) No permita que el debate los lleve al moribundo Código que SÍ merece una muerte digna siendo remplazado por uno coherente y digno de la sociedad moderna que somos. Lleven el debate donde corresponde, a las grandes definiciones, a la Constitución, a las políticas públicas, a la normativa sanitaria.

Sólo cuando estemos de acuerdo sobre, ello, o estando en desacuerdo hayamos consagrado una normativa coherente sobre nuestras obligaciones y derechos,  vamos a la legislación, que supone ser siempre la última razón, sobre quién es encarcelado y quién no, por no acatar lo establecido en tales grandes definiciones.

Mientras, discutamos en serio, no sobre la excepción, no sobre el conmovedor caso que no debería ser el fundamento central de una política pública legítima y eficiente, sino sobre serios cuestionamientos a nuestro estatus cultural, convivencia, educación y atención a los más débiles.



Roberto Rabi



PS. Les dejo, por otra parte, un cuento que escribí en otra oportunidad, inspirado en un debate arduo, pero necesario. Insisto, ficción pura.



11 de abril de 2013

EDUCACIÓN DE CALIDAD CONTRA EL POPULISMO PENAL



 Hoy, para la mayoría de los seres humanos en nuestro país la preferente, sino única, solución frente a los conflictos de toda naturaleza es identificar un culpable –o de preferencia muchos- y castigarlo privándolo de su libertad, teniendo expectativas de que aplicando de manera masiva esa lógica disminuirán los atentados contra la vida, la libertad e indemnidad sexual, la salud individual y colectiva, la propiedad (seamos claros, principalmente la propiedad) la probidad de la función pública, etc. y lo anterior, (esto para mi es lo más grosero) sin atender a la falta de ratificación histórica y confirmación científica de tales postulados y (me retracto, lo peor es esto) a la nitidez de la experiencia que nos indica todo lo contrario. 

 No hablamos de prevención general ni especial, ni en los colegios, ni en la prensa (en algunos casos ni siquiera con suficiente atención en las clases de Derecho Penal) No se han generado debates amplios reflexivos con la debida difusión sobre la débil justificación de la cárcel, sus alternativas, consecuencias y, sobre todo, sobre la duración de las penas privativas de libertad en función de la afectación a los objetos de protección. Sólo se rasgan vestiduras porque la “cana” no se aplica, porque las penas son demasiado bajas, porque no se usa la prisión preventiva como castigo anticipado, en fin. Seamos sinceros, lo que las masas quieren no es solucionar conflictos ni prevenirlos: es canalizar la violencia estatal hacia “los delincuentes” sin siquiera armarse de la perfecta lógica kantiana que así lo plantea para defender la idea de retribución pura y dura. No queremos terminar con los robos, queremos ver ladrones sufriendo en la cárcel. No queremos seriamente terminar con las violaciones u otros atentados sexuales, queremos ver a los delincuentes sexuales abusados por otros presos dentro de los recintos carcelarios (¡Sin duda ese sería el "reality show" que todos querrían ver!)

 A mi juicio, el problema de fondo precisamente es la escasa formación en los colegios sobre respeto al otro, falta de educación cívica y sobre la estructura política de nuestro país. Eso lo constato cuando al hablar del principio de intervención mínima del Derecho Penal, los alumnos de derecho reaccionan como si planteara la más absurda de las injusticias. Cuando en las encuestas las personas consultadas sobre un trance complejo y por mayoría abrumadora afirman que es mejor condenar a un inocente que absolver a un culpable. 

 Hemos llegado a este momento coleccionado leyes como la de “Estados Antisociales” la “Ley Antiterrorista”, todo el “Derecho Penal del Enemigo” disgregado, por ejemplo, en la ley 20.000 y una serie de leyes –como hoy está de moda- con nombre de pila o apellido. Y –mientras tanto en su living- el discurso del padre frente al hijo que se le acerca para contarle que es objeto de bullying, tiende a ser: “defiéndete, golpéalo primero y más fuerte” No creo que nada cambie positivamente mientras nuestra sociedad no sea más integrada. Mientras los ricos reaccionen de manera agresiva al escuchar la manera de hablar de los pobres y viceversa. Mientras exista violencia de género y no se respete a las minorías por convicción y no por obligación. Pero si hay un lugar por el cual sería estratégico comenzar, es la sala de clases, con una exposición simple pero impactante de un diagnóstico claro. Educación para ser un ciudadano informado. Gratuita, de calidad y orientada a una convivencia sana, para todos. 

Para que, por lo menos, cada vez que comience una audiencia en el centro de justicia no se acerque una víctima al fiscal a preguntarle ¿Usted es mi abogado? 


 Roberto

17 de abril de 2012

¿No más "Bandita de Magallanes"?




No dejaron pasar la Bandita de Magallanes al partido con el Chago Morning. Pues bien, siendo el grupo más inofensivo que uno podría imaginar, (después de la delantera de Colo Colo, como diría mi colega Ernesto Vásquez) se han levantado un montón de voces alegando que los mecanismos de control policial del ingreso a los partidos de fútbol profesional deben aplicarse con sentido común.

Así, por ejemplo, Daniel Olguín, líder de la Guardia Albiceleste (barra de Magallanes), pidió que les dejen entrar bombos y lienzos al estadio a su barra, dando cuenta que ellos no son violentistas, como otras barras bravas.
¿Razonable? El Programa de Gobierno “Estadio Seguro” supone estos costos. La lógica es reproducir las estrategias que probaron ser eficaces en países como Inglaterra. Si algo debe dejarse claro entonces ahora, pues parece no estarlo, es que la idea no es sólo ser más intensivo al controlar del ingreso a los estadios: es no permitir ningún tipo de lienzo ni bengala ni bombo ni ningún otro tipo de elemento potencialmente peligroso o afín al colorido espectáculo al que estamos acostumbrados en el fútbol profesional del cono sur en nuestro continente y que, en sí, no parece abominable. Inclusive la idea es no permitir gente de pie durente los partidos. ¿Se imaginan a "Los de Abajo" SENTADOS?.No pues, la idea no es que "Los de Abajo" se porten bien, sino que no existan más. ¿Por qué? Simple: así funcionó en Europa y los ideólogos de tal transformación son radicales: si el cambio no es completo no resulta. Es la declaración de fe de Cristián Barra (su apellido no puede ser más ad hoc) el encargado de dicho programa, insisto, del gobierno.

Así entonces lo que me parece vale la pena cuestionarse ahora es (1) Por que la Intendenta, representante del propio Gobierno y autoridad competente en materias de seguridad metropolitana, reclama de los Carabineros sentido común mientras Barra afirma que “Si esto significa que finalmente no podremos ver más a la Bandita de Magallanes, bueno, tendrá que ser así el costo” (hace algunas horas a www.cooperativa.cl) (2) Estos planes obedecen a una visión que creo no se ha legitimado suficientemente y que además, como ha afirmado Soledad Alvear, no se funda en la existencia de disposiciones de jerarquía legal que permitan controles con el alcance que se ha planteado. Sobre todo, no tengo claro que estemos de acuerdo en importar una solución que ha probado ser efectiva, pero cuyo precio necesariamente será cambiar la manera como quienes lo aman han entendido el fútbol en este lugar del mundo (3) Sobre todo, si lo que se quiere es que se apliquen controles más intensos, pero con sentido común, debe tenerse en cuenta que reclamar tal “sentido común” de los operadores frente a situaciones prácticas, siempre acarrea el riesgo de actuaciones arbitrarias. Cuando entregamos a la discrecionalidad de un funcionario policial la posibilidad de decidir quién entra o no al estadio, conforme a criterios tan difusos como distinguir quienes han sido tradicionalmente los malos barristas de los que han sido correctos hinchas, el paso siguiente necesariamente será que el chascón no entra y el de camisa “Polo” sí.


Roberto

2 de abril de 2012

Más de lo mismo




En definitiva murió. El “desenlace que nadie quería” ocurrió hace unos días. Dudoso me parece el pesimismo de quienes ven en este hecho un síntoma desconcertante de una enfermedad social hasta ahora desconocida. El mal siempre ha estado ahí y sin que hayamos hecho nada al respecto es hoy menos monstruoso que antes. Pero monstruoso al fin y al cabo y viene a despertarnos de un irresponsable letargo. Es triste asignar a la muerte de un ser humano el rol de “útil para una causa socialmente valiosa” pero eso es lo que se está haciendo y si la respuesta social a golpes de electricidad tan poderosos como este alguna vez es razonable, podremos avanzar hacia una sociedad más amable. Pero dudo que así sea porque, como es habitual, el enfoque que se ha dado a las posibilidades de reacción desde las políticas públicas carece de respaldo científico y político serio.

Afirmo lo anterior porque percibo que las expectativas de transformación están puestas en un proyecto de ley pobre y desorientado, que comienza afirmando: “Las disposiciones de esta ley tienen por objeto prevenir y eliminar todas las formas de discriminación que se ejerzan contra cualquier persona.” Que las pretensiones de transformación expresen una ambición tan desmedida parece más que pueril, engañoso, porque cuando tu dices “la aspirina busca curar el mal” estás insinuando a la población que una vez que te la tomes, el problema estará solucionado.

Más allá de la cuestión semántica, y jugando dentro de mi área de competencias, una vez más se busca una solución, con el mismo entusiasmo de siempre y sin haber encontrado algún resultado positivo demostrable que avale esta tendencia, en la ley penal. Se pretende crear una agravante de responsabilidad penal aplicable a un delito (cualquiera que sea) que se cometa por una motivación discriminatoria fundada en la raza, color, origen étnico, edad, sexo, género, religión, creencia, opinión política o de otra índole, nacimiento, origen nacional, cultural o socioeconómico, idioma o lengua, estado civil, orientación sexual, enfermedad, discapacidad, estructura genética o cualquiera otra condición social o individual. En la exposición de categorías no nos quedamos cortos, ahora, si observa con atención, se trataría de la circunstancia número 21 del artículo 12 del Código Penal (que contempla las circunstancias agravantes de responsabilidad penal del régimen general) Desde el interior del sistema penal les comento a quienes no están familiarizados con él que las agravantes que en realidad se aplican con cierta habitualidad no son más de cuatro. Por otra parte, la tendencia que se refleja en el proyecto de reforma al Código Penal que duerme en el Congreso Nacional, es precisamente reducirlas por innecesarias: si la normativa penal chilena establece marcos penales (ámbitos, en algunos casos tan vastos como navegar desde los cinco años y un día hasta el presidio perpetuo) y no penas concretas, es evidente que el rol del juez es considerar estas motivaciones para aplicar una pena específica.

Pero volvamos a lo central, si lo que pretendemos es evitar expresiones de violencia o tratos vejatorios contra grupos o tipos de personas ¿una disposición de tal naturaleza nos ayudará a lograr tal objetivo? En realidad creo que nadie podría afirmar que sí lo hará y de manera determinante. Insisto: el problema no es lo poco eficaz o legítima que puede ser la solución que la ley propone. La médula del problema es que tal normativa pretende ser una solución, lo que nos insinúa que abandonemos o prestemos menos atención a posibilidades de acción pública que realmente pueden contribuir más intensamente a ser un avance efectivo. 

A mi juicio más que preocuparnos de si le damos veinte años o cadena perpetua a los asesinos de Daniel, tarea para la cual hoy el sistema penal le entrega herramientas bastante razonables a quienes se desempeñan en él, lo fundamental es centrarnos en la educación, en una educación que le muestre a las nuevas generaciones lo que fuimos capaces de hacer como el odio se ha expresado en baños de sangre inaceptable y como ellos pueden cambiar ese entorno. Respecto de ello el proyecto de ley no dice una sola palabra. Parece insinuarlo al referirse genéricamente al rol del Estado de elaborar políticas públicas tendientes a “garantizar a toda persona, sin discriminación alguna, el pleno, efectivo e igualitario goce y ejercicio de sus derechos y libertades” Pues bien, eso la Constitución ya lo decía y parece ser que no ha existido énfasis suficiente, como sea, y al igual que la nueva “acción especial” que viene a duplicar la fórmula de otras antes existentes, hacer más de lo mismo nunca ha sido solución a nada. Un síntoma claro de que el déficit en tal sentido cubre un campo tan amplio como China, es que las discusiones públicas centradas en técnica legislativa y el texto del proyecto de ley son más que mínimas marginales, que es muy difícil poder acceder, aún el la página web del Congreso Nacional a la versión actualizada del proyecto de ley, mientras en el debate público parece haber cierto consenso progresista definido en términos casi totalitarios: “si repudias la discriminación arbitraria y el asesinato de Daniel, debes apoyar el proyecto de ley” O estás con nosotros o estás contra nosotros. Esta vez amigos no cuenten conmigo.

Si nos preocupamos más de cómo castigar que de cómo enseñar, no cabe duda de que se engendrará más violencia. Ese ciclo si que es archiconocido.




Roberto.

17 de enero de 2012

Sobre Inés Pérez Concha y las Nanas de Chicureo.



La mayoría de los comentarios en la web, redes sociales y en las conversaciones de pasillo apuntan básicamente a dos cuestiones. Primero, la Inés Pérez Concha está bien rica. Sobre lo evidente no comentamos. En segundo lugar lo profundamente “discriminatoria” e “ignorante” que ella es.

Vamos por partes, los particulares pueden discriminar, aun arbitraria y groseramente, en su vida privada y es parte de la esencia de una sociedad libre y democrática que así sea. Así en mi casa tengo derecho a admitir a quien quiera, poniendo las condiciones que quiera y expresándolo de la manera que quiera. Así estoy pensando seriamente en decirle al conserje que le diga a todos los que lleguen con camisa “Polo” que ellos no entran a mi departamento. Con eso no quiero decir que tales planteamientos sean prudentes ni que estemos obligados a aplaudirlos, sino que existe un límite a las posibilidades de imposición de las políticas tendientes a evitar la discriminación y a promover la igualdad.

Sin embargo las relaciones laborales no son parte del área estrictamente privada. Tampoco es absolutamente claro que la convivencia en las áreas comunes de un condominio lo sea. Por lo mismo es más que sensato que en esos ámbitos existan normas que impidan discriminar de manera arbitraria. A Inés Pérez tal razonamiento le parece discutible y así lo ha expresado. ¿Tiene derecho a hacerlo? Obvio que sí. Pero la manera como lo ha hecho revela una posición sobre las relaciones sociales profundamente cruel y arraigada hasta el tuétano de la clase social dominante: “Ustedes son distintos y peores a nosotros. Peligrosos. Y por eso nos asustan y sólo nos acercaremos a ustedes bajo nuestras condiciones”

Entonces, con la misma lógica que defiendo a muerte, creo más que juicioso altamente conveniente no dejar pasar la oportunidad de manifestarlo, en todos los tonos: Quienes pensamos distinto y creemos fervientemente que las “nanas” no son seres de segunda clase, tampoco los obreros de la construcción, los trabajadores sexuales y ni siquiera los abogados, tenemos que ganar espacios para difundir esas ideas. Tenemos que expresarlo fuerte y claro. También las consecuencias que tales divisiones sociales traen a nuestra convivencia. Partiendo por la delincuencia que es el corolario de una sociedad segregada donde la frustración y la opulencia están una a un paso de la otra. Para, en definitiva, convencer a los tibios y a los indiferentes de cambiar el orden de las cosas.

Finalmente no puedo dejar de reconocer la osadía que tuvo, si bien puede ser sólo torpeza, al decir las cosas como realmente las piensa. El debate político nacional se ha hecho realmente inabordable con todos los actores simulando posturas políticamente correctas y ocultando sus intenciones e intereses de clase, que se expresan sólo a la hora de definir la letra chica de nuestras normas con el sentido y alcance en realidad pretenden.

Hacen falta más Pérez Concha que realmente digan lo que piensan como lo piensan. Para que así nos permitan mandarlos a la mierda y transparentar lo que realmente somos y queremos.


Roberto

20 de agosto de 2011

Así es la cosa... y si no te gusta, te bajas de inmediato!




El jueves pagué la última cuota de un crédito de consumo, que me acompaño casi por diez años. La necesidad de dinero cuando lo contraté no era tal. Sí, como muchos, lo quería para comprar cosas que en realidad no necesitaba. Y luego me vi en dificultades para pagarlo y tuve que repactar. Y luego volver a repactar y me hicieron arar con intereses. Definitivamente el modelo neoliberal no tiene la culpa de que yo sea un estúpido, pero sí de que lo seamos yo y varios cientos de millones más, presionándonos a crear cosas, construir objetos y generar servicios, la mayoría de dudoso valor y utilidad, hasta que nos convencemos de manera muy poco natural que lo tienen. De ahí a que estas se conviertan en señal de status y victoria, hay un paso; de ahí a que los que pueden las acumulen, otro. Pero el paso decisivo se produce cuando los que no pueden tenerlos se deprimen y envidian. Se endeudan, se alienan. El punto de partida de marginación y la violencia.

Es un problema casi marginal si viviéramos en una sociedad en que nos diéramos el gusto de disfrutar de Plasmas, Nintendos Wii, chaquetas ”The North Face” y 4X4s, todos por igual. O casi por igual. Digamos superficialidad vana bien distribuida no mata. Y si no está de acuerdo, el foro de discusión es otro, en que me de un tiempo para revisar mis textos de Habermass, Russel, Marx e incluso la Biblia.

Pero vivimos en Chile y todos podemos presenciar un entorno de marchas, cacerolazos y reclamos intenso. Excitante. ¿Por qué? Porque es una realidad en que la diferencia entre el que vive en el mundo del 4x4 y the North Face, y el chico limítrofe al que tengo en internación provisoria por robo con intimidación es sideral. Diferencias de esas que sobrecogen y no se ven en otras latitudes: En Somalía todos se están muriendo en la miseria, en Noruega todos viven al borde del suicidio con su riqueza (porque no hacen asados los domingos con sus amigos, porque no se besan, porque no se ríen)

A lo que voy, aunque así lo parezca y así se debata, el problema no es tan solo la Educación. Es el modelo. Y lo es, porque mis apreciaciones no son compartidas. Porque a muchos les gusta esta forma de vivir la vida loca. Por eso, porque algunos luchan por defenderlo (los que lo gozan) y otros por sabotearlo (los que lo sufren) es un real problema. Y no quiero engañar a nadie y menos a mi mismo, la reproducción de privilegios que el modelo educativo de nuestro país ha construido tiene muy felices a algunos, por eso será difícil buscar un consenso PORQUE NO TODOS ESTAMOS DE ACUERDO EN LO QUE QUEREMOS. Porque si mis hijos están sacando partido de las distorsiones, me hago el gil y trato de apuntar en otra dirección. ¿Es posible que muchos renuncien a sus privilegios para lograr un acuerdo? ¿Es factible que muchos se conformen con desigualdades esenciales para llegar a un consenso? Difícil.

Difícil porque tener un plasma, un 4X4, joyas y libros Anagrama (para que no me vean apaleando solo al resto) no vale absolutamente nada si el que vive en una comuna en el otro extremo de la capital lo tiene también, o, si se quiere, no tiene ningún sentido tenerlos si con eso no le demuestro a nadie que yo gané.

Porque todos queremos ganar ¿no?


Roberto

20 de diciembre de 2010

¿Y el monitoreo electrónico cuándo?


Sebastián Edwards, destacado economista y novelista de thrillers policiales lo ha planteado recientemente al diario que miente en términos categóricos: “A la brevedad”. Pero ya antes sistemas consistentes en brazaletes un otros dispositivos instalados de manera permanente en el cuerpo de los sujetos privados de libertad se han propuesto, en innumerables ocasiones, como alternativa a la prisión preventiva (esto es como medida cautelar para evitar sobre todo el peligro de fuga durante el transcurso de la investigación, pero también para resguardar la seguridad de las víctimas) o al cumplimiento de penas de cárcel.

La experiencia internacional ha demostrado muchas ventajas de su empleo. Tanto en Estados Unidos, desde la década de los ’80 como en Europa, en los ’90, han permitido descongestionar el sistema carcelario y abaratar costos: el precio de los dispositivos, de su implementación y el de las centrales de monitoreo es inferior al gasto en que se incurre en mantener, alimentar y vigilar (aún subhumanamente, como hemos podido apreciar en nuestras cárceles) a los presos. También evita que el Estado deba hacerse cargo, como hoy es inminente, de millonarias indemnizaciones por falta de servicio en casos en que internos mueren o resultan heridos dado el hacinamiento y las condiciones miserables en que se encuentran recluidos. Agreguemos a eso el valor de permitir a los imputados y condenados desempeñar actividades legítimas, fomentándose de esta manera la tan ansiada (por lo menos en el discurso políticamente correcto) resocialización.

La pregunta obvia entonces, es por qué no se ha hecho antes. Evidentemente una transformación de tal envergadura requiere modificaciones concretas de los textos legales vigentes: todas las penas y medidas cautelares son de derecho estricto y no pueden existir ni aplicarse otras diversas a las que la ley contempla expresamente. Parece razonable, de otra manera nos exponemos que algún colega imaginativo solicite que algún imputado sea amarrado a un árbol durante el curso de la investigación. Entonces, nos encontramos como es habitual, con una cuestión de voluntad política, que, como sabemos, en la cruda realidad siempre estará motivada por el paladar social en el momento concreto. Hasta hace no mucho tiempo, el tema carecía de toda prioridad en el contexto de una sociedad convencida de vivir en peligro clamando por el encarcelamiento de los delincuentes

Después del incendio en la cárcel de San Miguel, aparentemente nuestra sociedad se ha sensibilizado con la situación de los presos. Me parece entonces razonable fomentar un debate serio que se haga cargo de todos los argumentos, no sólo aquellos que favorecen la implementación de medidas como las que comento, sino también aquellos que se oponen a las mismas. Hasta nuestros días la discusión sobre los fines de la pena estatal no se encuentra zanjada y por lo mismo supongo que algunos defenderán, con mayor o menor altura de miras, visiones retribucioncitas (que ya Kant haciendo pie en la libertad esencial del ser humano, a quién no podemos usar como un medio para fines ajenos a su persona, identificaba de manera intelectualmente sólida en el castigo penal) y prevencionistas: ¿intimidará una pena cuyo cumplimiento consiste en llevar una vida normal con un collarcito? Cada uno tendrá sus respuestas y estaremos de acuerdo en que habrá que hacer distinciones en atención a la gravedad del delito y, sobre todo, considerar si estamos en presencia de un sujeto investigado, aún amparado por la presunción de inocencia, o de un condenado, de cuya culpabilidad no caben dudas.

En mi experiencia docente, cada vez que he tratado el tema en el aula, los estudiantes demuestran particular interés en el tema y bastante simpatía por estos dispositivos. Me gustaría que nuestra población se informara y tuviera opinión al respecto, que se efectuaran estudios de costos, efectos e incentivos en nuestro medio y en ese entorno una decisión definitiva se implementara legitimándose en un debate serio, propio de los jaguares que decimos ser.

Esa es la invitación que les dejo a todos.



Roberto

8 de diciembre de 2010

Incendio en la Base de Nuestra Sociedad



Entendemos por "Dignidad Humana" una cualidad de toda persona que la hace valiosa en sí misma, por el sólo hecho de ser tal, sin importar su edad, sexo, preferencias políticas (tampoco futbolísticas, aunque me duela reconocerlo) ni condición social. Y, evidentemente no depende de lo que hayamos hecho ni de lo que pretendamos hacer. Tras la Segunda Guerra Mundial, y el apogeo de los totalitarismos, llenarse la boca con esas palabras tan sonoras se transformó en una moda. La Constitución del ochenta fue instalada, al menos nominalmente, sobre ese pilar. Guzmán, Ortúzar, Evans y Cía. insistieron hasta el cansancio en ello, y la oposición de la época se aburrió de cuestionar el doble estándar.

Lo que pasó después es una historia triste y conocida, después de la cual asumir que las lecciones se habían aprendido parecía razonable. ¿Lo es? ¿Nuestro pueblo piensa hoy que la persona es valiosa en sí misma?

Hoy murieron más de ochenta personas que tras quebrantar el contrato social cumplían las reglas del juego: "el que la hace la paga". La medida del pago la determina el Estado quién se hace cargo también de controlarlo. ¿Podríamos vivir tranquilos si no fuera así? Confiamos en la institucionalidad que hemos creado, de la cual todos en mayor o menor medida somos responsables.

Pues bien, el Estado no cumplió su parte (digo el Estado, no sólo el Gobierno, porque el panorama penitenciario se ha mantenido casi invariable por mucho tiempo) y todos sabíamos que no lo estaba haciendo. Digo todos, porque muchos programas estelares de TV dieron cuenta más de una vez de las condiciones infrahumanas de las cárceles (y San Miguel no era precisamente la peor de todas) con altísimo rating. ¿Alguien planteó seriamente entonces que esa realidad, más que un problema de delincuentes, es un cuestionamiento severo a lo que afirmamos es el fundamento de todas nuestras normas? Sólo voces que se llevó el viento. Siempre nos preocupó la otra cara de la medalla: Que los delincuentes estuvieran en su lugar.

Ahora muchos se lamentan. Algunos son lo suficientemente consecuentes para no hacerlo. Pero nuestras autoridades nunca tuvieron el valor para levantar un discurso contra mayoritario que recordara que los presos son seres humanos y jugársela porque sus condiciones de vida fueran las escritas en las "reglas del juego": privación de libertad, nada más (ni menos) que eso.

El relato, por otra parte, se está distorsionando de manera grosera. ¡Que pena que hayan sido primerizos! Si hubiesen sido homicidas y violadores reincidentes, violadores institucionales de Derechos Humanos, para quienes hasta el momento no hemos inventado otra solución mejor que la cárcel, ¿es legitimo despreocuparse, y dejarlos morir miserablemente? Sé que, pese a que lo nieguen, la mayoría estaría conforme. Algunos incluso felices. Sabemos que la esperanza de vida tras las rejas es considerablemente menor en Chile, pero todo tiene un límite. De lo contrario no nos estamos tomando en serio la famosísima "Dignidad Humana" y la condicionamos proporcionalmente al comportamiento del sujeto.

El día que no aceptemos un tratamiento como el que terminó con la vida de 81 personas, sean delincuentes, ingenieros, curas, empresarios, magos, travestis o fiscales, creo que estaremos en condiciones de comenzar todo de nuevo.


Roberto.

1 de marzo de 2010

Terremoto


“Chile es un país, en que, periódicamente tras un par de años, todo se viene abajo como consecuencia de un terremoto, por eso no tiene patrimonio cultural”. Recuerdo que un locutor leía este comentario de un medio extranjero y mientras lo leía su tono de voz cambiaba denotando una profunda tristeza y molestia.

Deberíamos estar acostumbrados, y en parte lo estamos, la prueba es que, en general, las reacciones de los chilenos son muy distintas a las de los extranjeros provenientes de países sin tradición sísmica, nuestras construcciones en general, reaccionan bien. Pero lo que es incuestionable, y en eso me quiero centrar, es que es palmaria la manera como hechos límite, como un terremoto, sacan a la luz lo mejor y lo peor de nosotros, reforzando una idea que vengo defendiendo hace mucho tiempo: No existen buenos y malos, sólo seres humanos.

He visto por medios digitales, TV, radio, etc. Varias situaciones extremas que merecen un cometario:

Los saqueos: Evidentemente, de los que se pelaban plasmas y otros artículos habitualmente denominados suntuarios de los supermercados, como hordas de bárbaros saqueadores, no todos tenían antecedentes penales por hurto, muchos de ellos jamás soñaron que se llevarían cosas sin pagar, y varios en una decisión final flash, junto a los tarros de leche y cobertores, se llevaron un par de zapatillas o aros. ¿Son entonces santos los que sólo se llevaron artículos de primera necesitad? En definitiva no las pagaron, la ley condena su conducta y jamás se planteó seriamente la posibilidad de desabastecimiento. Ni buenos ni malos, todos humanos.

La disposición a la destrucción: Arrancar o no arrancar, buen dilema. Más bien la manera arrancar, algunas personas cercanas (de hecho muy cercanas) estaban durante el terremoto en fiestas, casinos y lugares con aglomeraciones varias. Muchos de ellos arrancaron sin esperar nada ni por nadie. A todo cachete. Pese a las instrucciones del personal de seguridad o los que asumían tal rol. Si todos hubieran actuado así, seguramente el número de víctimas hubiera sido bastante mayor, ¿Son esos corredores de velocidad intrínsecamente irresponsables? En otro caso que me tocó bastante de cerca por que lo tuve en audiencia el domingo un sujeto defendía sus ruinas en el centro antiguo de la comuna de Santiago, no sólo de eventuales saqueadores, o los que tuvieran cara de “patos malos”, con una escopeta, supongo que varios hemos visto situaciones similares, pero en este caso había un matiz adicional: Amenazaba con disparar también a los medios de comunicación que pretendían filmarlo. ¿Por qué? Pudor supongo ¿Cómo calificamos éticamente tal conducta? ¿Qué si se le arranca un balazo? Ojo, ya habían pasado más de veinticuatro horas después del terremoto y el tipo estaba síquicamente sano.

Los prófugos: Los que menos le importan a la sociedad, presos que aprovecharon que se vino abajo una pared para arrancar: Díganme sinceramente ¿Ustedes no hubieran hecho lo mismo? Ahora, ¿por qué los gendarmes no dispararon a las piernas? ¿Falta de rapidez de decisión? ¿Error humano? ¿Maldad esencial? Habría que preguntarles a ellos, pero recordemos que en general son funcionarios públicos que ganan en torno al límite de supervivencia y que no se iban a ganar una medalla por cada muerto.

Nosotros y los otros: Una de las cuestiones más complejas a mi juicio de evaluar es nuestra actitud frente a situaciones límites en situaciones que hay que optar: Sobre todo tratándose de familiares, ¿Dejaría usted de ayudar a una persona que se desangra, que no conoce, por obtener noticias de un hermano, primo o amigo que quizás esté en un edificio que se está derrumbando en frente de sus narices? ¿O quizás ya arrancó? Difícil, lo que tengo claro es que ninguna de las opciones que se adopte en definitiva debería ser cuestionada.

Lo material y lo espiritual: ¿Por qué en definitiva parece que perder todo, una parte o algunos bienes es absolutamente secundario de cara a resultar vivo e indemne físicamente? ¿Es que dejamos de ser materialistas, como todos lo somos brutalmente en circunstancias habituales, en estos casos?. Por otra parte personas que tienen una tradición de conductas egoístas, que no sueltan un cinco ni para la Teletón, terminan entregando más de lo que hubieran esperado en campañas solidarias ¿nuca antes fueron buenas personas y lo son ahora?

Creo que pensar que se trata de comportamientos alterados, inimputables e irracionales, es un error, cada vez estoy más convencido que es en estas circunstancias en que nos damos cuenta de lo que somos: Todos humanos, todos frágiles. Evidentemente unos más que otros, pero nadie es dios y todos, por saqueador, despreocupado y egoísta que sea, son capaces de evidenciar algo de afecto.
Roberto


7 de agosto de 2009

EL CISARRO


Nada de lo que voy a comentar está motivado por la circunstancia de que Cisarro sea fanático de la “U”. Por cierto no me interesa centrarme en el caso ni en alternativas de resocialización o de castigo en concreto. Lo que me interesa comentar es sólo la precariedad del debate en Chile, frente a fenómenos noticiosos como el de mi compañero de barra.

¿Qué es lo que sabemos sobre el personaje? Que tiene diez años, por lo que a pesar de las maneras despectivas de referirse a él, entiendo que aún califica en la categoría de “niño”; que ha sido detenido en diez (¡oh my god!) veces y que demuestra, al igual que su madre, un comportamiento bastante agresivo frente a las cámaras. Entones, lo primero que cabe preguntarse es ¿se justifica la extensión del tratamiento mediático que el caso ha recibido? Me respondo: No.

Existen muchos conflictos cercanos incluso a esta problemática (como la privatización de la defensa penal de los adolescentes) que realmente puede tener una influencia mucho mayor en nuestros niños y jóvenes. De eso nada encontramos en noticieros y periodicos: “¡Aburrido!” diría Homero Simpson.

No digo que las andanzas de Cisarro no ameriten ser noticia del todo, pero, me parece del todo desproporcionada y perturbadora la sobre exposición. Principalmente porque no sabemos si esa situación puntual es sólo una excepción o evidencia una tendencia preocupante. Necesariamente debe ser eso lo que deberíamos discutir: si existe un número que excede los márgenes de lo tolerable de chicos como Cisarro y si son hoy más que ayer, o no. En la medida que un análisis serio de tales interrogantes nos lleve a buscar más repuestas urgentes, más que transformar su vida en un reality show, deberíamos discutir temas esenciales y no accesorios: las causas, no los parches.

¡Que fácil es hoy ganar dinero y simpatía política explotando perversamente la titularidad de medios de comunicación mediante la estigmatización de niños “b”!
Roberto

27 de julio de 2009

ESTILOS DE VIDA

Vuelvo a escribir algunas letras después de mucho tiempo. Si me entusiasmo sigo. Si no, como en su momento, sin declarar cerrado ningún espacio, ni agotada ninguna etapa, simplemente no escribo más. Una cuestión de estilo. A eso me quiero referir hoy.

Circulo por la ciudad, percibiendo actitudes de conocidos y desconocidos, amigos y enemigos que me hacen constatar que ya no me encuentro en el tranquilo entorno de mi infancia en que todo era predecible, todos actuaban conforme a su etiqueta, las etiquetas eran más bien pocas y aburridas (facho, lana, cuico, etc.) Eran tiempos arduos, complejos, pero sencillos. Hoy, quizás igual que ayer, ningún ser humano es simple, pero me parece que es cada vez más habitual no disimularlo. Tenemos tantas vertientes de pensamiento, tantas posibilidades de relacionarnos con nuestros familiares y amigos, tantas alternativas para emplear el tiempo libre, tantas formas de ser desagradables para quienes nos son odiosos, tribus urbanas a las que emular, contendores a los que confrontar, deportes exóticos en los que obsesionarnos, problemas existenciales y materiales de diversa índole en los que abandonarnos a la deriva. Y en cada uno de esos pintorescos escenarios, el espectador puede percibir diferencias abismales dependiendo del estilo del personaje.

Si yo hubiera sido adulto en los ochentas, simplemente hubiese sido un profesional de izquierda. Punto. Tantos como uno en el fondo, pero sobre todo en la forma, saturaban el medio. Hoy somos tan diversos en el estilo que la comunicación se hace monstruosamente difícil: con mi estilo más bien gris, afable y empático, tiendo a ser de lo más asequible para el medio. Pero el medio no me retribuye de la misma forma. Cuestión de estilos. Pero lo tenebroso es que los estilos son demasiados y están todos legitimados en la diversidad y un liberal como yo no tiene otra alternativa que aceptarlo.

A veces es esa diversidad y multiplicidad de estilos la que me asfixia y me hace presa de un miedo insuperable.
Roberto

16 de julio de 2008

Lavando la Cara de la Autoridad


La verdad no me caracterizo por ser impresionable, pero debo reconocer que cuando revisé, primero, en un diario electrónico el lanzamiento de agua realizado por una estudiante sobre la Ministra de Educación de nuestro país, abrí los ojos más allá de lo común. Inmediatamente me dije, va a haber aprovechamiento político para, ahora con más fuerza, instalar la tan resistida LGE.

¿Qué motivó a una niña de 14 a lanzar agua sobre la Ministra?. Las primeras respuestas que he escuchado y que apuntan a que los(as) jóvenes ahora son más rebeldes (sino violentos), que incluso son capaces de agredir a sus maestros(as) y que estos(as) incluso fomentarían o harían la vista gorda ante dichas actitudes, o no inculcan los valores más altruistas, me parece un insulto a la inteligencia y el sentido común.

Primero, cuando observo unanimidad, especialmente referida a la condena de hechos, que en principio no serían delitos graves, de parte de toda la clase política y la prensa, especialmente de derecha (Mega y Canal 13), tiendo a sospechar de que el acto no es totalmente negativo. Personalmente me he dado cuenta que cuando todos elevan las manos en pos de algo y no hay debate, algo de cuidado están ocultando.

Segundo, siendo sincero, no veo en este acto un jarro de agua lanzado sobre la faz de una señora que por su condición merecería respeto (que ha todo esto han mostrado el discurso mas conciliador ni aglutinador, a pesar de la cartera), sino sobre la autoridad y eso es lo que molesta a las élites. Siendo retrospectivos la autoridad nos pasa empapando con sus pésimas decisiones, actitudes, delitos, descuidos, etc. Por lo que siento lo sucedido como la reacción de una persona, que le han pasado cosas, que tiene una visión negativa de un conflicto, quienes objetivamente no han sido escuchados, (no me vengan con la patraña del consejo de muchos sabios citados por Bachelet para debatir y cuyas conclusiones no son las del acuerdo con la derecha) y que de una u otra manera no va sufrir inmediatamente el peso del poder (como si lo sentiríamos todos los demás que nos atreviéramos a hacer algo así, siendo que a muchos ganas no nos ha faltado).

No voy a ahondar en las declaraciones post de nadie, ni de los profesores (que siento han sido absoluta y dolosamente mal entendidas), del gobierno, alcaldes, derecha, medios de comunicación, etc. No vale la pena. Va a ser un debate circular corto, dirigido, como cortina de humo y conveniente. Me quedo con el hecho.

Freddy

7 de julio de 2008

ALLENDE. 100 años no es nada… y 35 tampoco.


Cuando se cumplieron 30 años del Golpe de Estado en Chile, recuerdo claramente toda la reflexión estéril que hubo respecto de la figura o el legado de Salvador Allende. Y la califico de estéril, porque tengo la certeza que el 99, 99% de las personas que tenían un juicio establecido sobre el ex - presidente chileno no cambiaron un ápice su percepción. Ahora bien, con motivo del centenario de su nacimiento también me voy a hacer presente con un comentario con mucho de su contenido conocido, que no tiene la mínima intención de convencer, sino solo pretende ser mi pequeño homenaje a una figura que he conocido a través del tiempo y que he aprendido a admirar.

¿Fue Allende un demócrata?. Generalmente los que se inclinan por una alternativa negativa se apoyan en percepciones relativas a su ligazón con grupos que querían cambios estructurales de la sociedad por medios que no pueden ser caracterizados de democráticos, pero que su coincidencia estaba justamente en la búsqueda de cambios radicales. Pero los hechos (que es lo que creo debemos considerar siempre a fin de hacer un análisis serio) nos señalan que Allende siempre participó en elecciones, llegó por vía constitucional al poder y obtuvo una victoria importante en las elecciones municipales durante su mandato. Hay también numerosos testimonios que nos señalan que llamaría a plebiscito en los momentos en que se produjo el Golpe, para cuestionar al país si su proyecto debía o no seguir. Además, durante toda su vida PARLAMENTARIA defendió los valores democráticos tanto en el país como en Latinoamérica y el mundo, realidad que se puede revisar en todas sus intervenciones parlamentarias desde su época de Diputado, hasta poco antes de ser elegido presidente.

¿El gobierno de Allende tuvo un pésimo manejo económico?. Tenemos en nuestra memoria muy presente la figura del desabastecimiento, los paros y manejo errático y en muchos casos discriminatorio de mandos medios en relación al reparto de ciertas subvenciones. Pero tendemos a olvidar el comienzo del gobierno y las causas de lo señalado anteriormente. El primer año de gobierno de Allende, en que hubo clemencia de sus detractores, fue el año de mayor crecimiento económico en la historia de Chile, sin señalar que el de mayor justicia social. Auspiciosa realidad que se veía incrementada por la nacionalización del cobre, medida apoyada y aplaudida por todos los sectores. Recordemos también que durante esa época pudimos abrir mercados hasta entonces negados o inexplorados por el contexto de Guerra Fría. ¿Qué pasó?. Hay que hacer presente que Allende (incluso Frei) recibió un estado hipertrofiado por problemas endémicos arrastrados desde mínimo 1925. Debemos además contar con el boicot extranjero pos nacionalización del cobre que fue feroz y el boicot interno insospechado. Puedo coincidir con sus críticos en un mal manejo ante esas crisis, pero las causas del problema son, en su mayoría, perversas y externas.

¿Allende fue cobarde al suicidarse?. La verdad no se como enfrentarme a este tema, no creo en los absolutos respecto a valentía o cobardía, como tampoco en lo referente a quitarse la vida. Hay culturas que entregan un valor distinto a nuestra mirada occidental. Lo que sí puedo afirmar, es que fue un acto tremendamente simbólico el no entregarse al enemigo ilegítimo, acto que sirvió de testimonio de las profundas convicciones que siempre lo acompañaron (por ejemplo en su admiración a Balmaceda).

Esta opinión obviamente cabe dentro de la natural subjetividad del estudio y análisis de la Historia desde la mirada particular y queda sujeto a discusión (eterna por cierto). Lo que sí creo que en general queda claro, es que, muy a pesar de mi admiración por la obra y los sueños, Allende fue y es un gran perdedor y esto básicamente porque nos guste o no, lo tratemos de ocultar o no, vivimos en el Chile creado por Pinochet. Que a la larga, desde el punto de vista de una “trascendencia práctica” fue el gran ganador.

Freddy

21 de abril de 2008

VIGILADA Y CASTIGADA


Me parece interesante preguntarte respecto de los fundamentos jurídicos (si es que los tiene o no) de la acusación constitucional presentada (y ganada) por la derecha contra Yasna Provoste. Básicamente porque escuchar a Luis Bates dos horas me produce (a priori) una lata de proporciones. Subsidiariamente mi pregunta nace también porque ese campo escapa a mi radio de conocimiento, lo que no me impide hacer otras apreciaciones respecto del tema de la responsabilidad de la ex-ministra más allá que coincidan con el mecanismo que se está aplicando.

En primer lugar, el discurso del mal uso de las “herramientas legales” en detrimento de la “estabilidad” de las instituciones me genera a lo menos sospecha. Creo que es el momento de que alguien se haga responsable del importante número de problemas de probidad, desordenes administrativos y derechamente del robo de los fondos públicos de chilito. Me parece importante que de una u otra forma se empiecen a hacer responsables los peces gordos de tales situaciones, porque hasta ahora nos hemos dado cuenta de que solo se ha castigado de los mandos medios hacia abajo, lo que no ha resultado efectivo para frenar los casos problemáticos de nuestra administración. Ahora si lo hace la derecha, el PC, los díscolos, los “independientes” me da absolutamente lo mismo, y si el hacer responsable a todo evento a los que justamente deben velar por el correcto funcionamiento de la máquina estatal, va en contra de la “estabilidad” de las instituciones yo voto que “si” en aras de la “legitimidad” que significa defender el erario público al que todos de una u otra forma contribuimos.

Otra consideración pasa, por que si bien comprendo el pequeño cálculo político que se expresa en la insoportablemente férrea defensa que la Concertación hace a sus figuras, creo que esa mirada cortoplacista es la que le va socavando poco a poco su base de apoyo y muestra las grietas del típico grupo que se ha enquistado en el poder por mucho tiempo, cueste lo que cueste. Una mirada a largo plazo hubiera significado auto-supervigilarse y auto-sancionarse lo que sin duda habría creado la sensación de preocupación por un buen gobierno y el bien común (que principio más abstracto y concreto en sí). Pero no soy ingenuo ¿qué gran institución histórica se transforma o se ha transformado a sí misma y por sí misma?.

En tercer lugar me parece que la intención de la derecha con sus nuevos amigos debería transparentarse. No es el bien de Chile el que persiguieron con esta movida, sino que fue el medir fuerzas políticas. En ese sentido ganaron y arrasaron. Quizás socialmente no fue mucho el triunfo (encuestas de por medio), pero en su estrategia para llegar al gobierno dieron un pequeño paso.

¿Por qué Educación?. Ha habido una cantidad impresionante de malos manejos, robos, corrupción, etc. en una serie de otras carteras que incluso se podrían reñir directamente con los tribunales y los ministros no cayeron ni caerán. Me parece interesante esa mirada que persiste en Chile respecto de la trascendencia de la educación en nuestro país. A ratos me parece irrisoria, si consideramos que en general la inversión en esta área siempre ha sido baja en relación a todos sus requerimientos, sus resultados por mucho tiempo deficientes, y, desde por lo menos los últimos 40 años, no ha permitido la movilidad social que siempre se le ha querido atribuir. Así mismo en forma clara todas las estrategias empleadas y aplicadas desde el gobierno de Frei Montalva en miras de mejorarla han fracasado estrepitosamente. Trabajo, Salud, Obras Públicas, por lo menos, durante los Gobiernos de la Concertación han tenido mayor relevancia y las sanciones, acusaciones e investigaciones, desde el mundo político se han mostrado inocuas para casos de connotación más escandalosa.

***

En fin, a la espera de tus comentarios técnicos (que obviamente no te inhiben de exponer en cualquier sentido el tema), sólo quiero señalar que me parece que la persecución de los hechos de corrupción en el ámbito estatal debe realizarse siempre, enérgicamente y con medidas ejemplares ( que con respecto a la actual, desde el punto de vista del “bien común” estoy de acuerdo), pero las intenciones políticas subyacentes deben transparentarse, de lo contrario se puede venir un circo de acusaciones y de manejo antojadizo de herramientas constitucionales con las que perderíamos el norte, aprovechemos esta coyuntura. Además las acciones pro–transparencia deben ser transversales a todas las áreas y no sólo para aquellas que cierta o erróneamente tengan alto rating social. Por último, espero que el gobierno y los representantes del espectro político que sea entiendan que cuando comentan irregularidades, negligencias o robo no quedarán impunes…por mucho que se encomienden a dios.

Freddy

22 de marzo de 2008

La Carne



Hoy, es viernes santo para la iglesia católica; se conmemora el día que Jesús fue torturado y crucificado. Curiosamente en nuestra sociedad mayoritariamente integrada por católicos mal informados, poco comprometidos y poco consecuentes, esta fecha se ha transformado en sinónimo de feriado, (no trabajar) películas religiosas, (algunas mejores que otras) y sobre todo, -más que en ayuno o evitar carnes rojas- el viernes santo implica interesantes almuerzos y cenas protagonizadas por los nunca bien ponderados pescados y mariscos.

El fundamento de este día de recogimiento lo encontremos en el cuarto mandamiento de la Santa Madre Iglesia, que establece: "Ayuno y abstinencia cuando lo manda la Santa Madre Iglesia", a su vez, el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), en su número 2043,
vincula el mandamiento en cuestión con la penitencia orientada a las fiestas litúrgicas como mecanismos para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón.

¿Parece esa relación razonable? A mi no me convence para nada, pero paraa seres más puros y espirituales, dignos de salvación eterna, podría tener algún sentido y ello es extremadamente respetable. Lo que resulta a lo menos curioso es constatar como lo que en principio obedecía la lógica de la penitencia, termina siendo nada más que un símbolo arbitrario ¿Qué hay de aquellos a los que no les gustan las carnes rojas? ¿dónde está la penitencia en tal caso? ¿Cómo llegó a masificarse a tal extremo la relación entre viernes santo y las delicias del mar?

En definitiva las sociedades cambian y la actitud de las diversas generaciones de cara a los hitos relevantes de cada tradición histórica también. No sólo en el ámbito religioso: algo similar ocurre con fiestas patrias, haloween, etc. Así la dramática desnaturalización en la forma de conmemorarlos es una expresión más de nuestra fragilidad esencial.

Constatarlo, a pesar de ser agnóstico, me da un poco de pena.

Roberto

18 de marzo de 2008

LA CLASE MEDIA CHILENA




Varios influyentes personajes de nuestra fauna política han debatido recientemente sobre quienes son en definitiva los beneficiarios de la posible eliminación de un tributo que grava las construcciones: casas y departamentos. En tal contexto me parece notable, que todos pretendan defender a la clase media, por una parte, y que muchos asuman ser de clase media, por otra.

Ojo, el debate, se da en el marco de un problema pendiente: como reducir el impuesto a los combustibles (otro gravamen que nos lleva a discutir una cuestión relativamente similar) a través de la eliminación una franquicia impositiva a la construcción, pero sólo para viviendas de un valor aproximado de 80 palitroques (¡genial! una casa así para mí, ni en sueños, ergo, soy de clase media, ¡hurra!)

Entonces salta “Chasquilla” Vidal y alega “No nos vengan con el cuento de la clase media porque para acceder a créditos para comprar casas de 80 millones hay que acreditar un ingreso de un millón 800 mil pesos y no es el promedio de la clase media” (¡naranjas! ya no soy de clase media...) Reacciona con una mueca de espanto entonces Fernando Echeverría, la voz de la Cámara Chilena de la Construcción, corrigiendo al ministro: "hay un error en lo que dice el ministro Vidal porque esto afecta a personas del cuarto y quinto quintil de ingresos, es decir, jefes de hogar que ganan alrededor de $520.000 hacia arriba y no como él dijo que ganen $1.800.000". (¡puta! ¿qué weá soy?)

Vamos viendo: lo cierto es que claramente no hay una estricta coherencia entre lo que las personas asumen e imputan sobre “clases sociales” y las categorías “Casen” que son las que se emplean para definir prioridades y asignaciones de recursos en las políticas públicas. Todos tenemos idea de lo que significa ser pobre, y nadie quiere serlo. A su vez todos, más o menos, entendemos lo mismo por un ciudadano rico, (en dinero ciertamente, lo otro es opinable) y curiosamente, no es que nadie quiera serlo, sino que, quienes lo son, no quieren reconocerlo. ¿Qué hay en el medio? ¿Por qué nos sentimos tan cómodos a medio camino? ¿Por qué todos pretenden ser de clase media y defender a los intereses de la clase media? ¿Existe en el mundo real algo que podamos denominar clase media?. Amigos ¿Son ustedes de clase media?
Sin embargo no creo que sea impresindible definir con precisión tal categoría para concluir si queremos darle cabida o no a algo parecido a la solidaridad en la sociedad chilena: ese debate ya lo zanjamos con cierto cinismo hace bastante tiempo: seremos solidarios mientras el dinero salga del bolsillo ajeno.

Roberto

20 de enero de 2008

EL TIEMPO ES ORO


Hace algunos días mi cuñado me invitó a leer el diálogo “Sobre la brevedad de la vida”, de Séneca. Acepté la invitación gustoso, pero sólo he leido dos páginas. El jueves, me mandó un mensaje precisándo que tampoco podría leerlo a efectos de comentarlo este fin de semana. Así es que, paradójicamente, lo que en su momento se presentó como una magnífica oportunidad para discutir cuestiones esenciales sobre la lucha del hombre contra sus límites temporales, con un sujeto decididamente más inteligente que yo, no se pudo materializar...por falta de tiempo.

Hace una semana pretendí escribir, en este canal, sobre el dinero, a propósito del feliz ganador de los millones del “loto”, la idea era referirme al ser humano y sus recursos. El dinero es más que un medio de cambio un símbolo de poder, la prueba es que cuando comentamos, soñando despiertos, que haríamos con millonarios premios de un juego de azar, lo que en el fondo exponemos es a qué nos dedicaríamos si pudiéramos hacer lo que quisiéramos, sin los límites más evidentes, expresión del sistema de propiedad privada de bienes de consumo y de capital, que se hacen bastante difusos si poseemos dinero a destajo. Pues bien, escribí tres líneas y no lo he retomado.
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Ahí está entonces patente la importancia de la otra incógnita de la ecuación: el tiempo, pues aunque dispusiéramos de todo el oro del mundo, sabemos que, en la inmensa mayoría de los casos en menos de cien años más, ya no vamos a estar.

¿Qué nos queda entonces considerando que buena parte de nosotros ni siquiera ganará el loto y deberemos enfrentar el tiempo que nos queda no sólo buscando “hacer lo que queremos” sino que también esforzándonos por financiar ese “hacer lo que queremos”? Para muchos la respuesta es fácil, porque si somos generosos y centramos nuestra existencia en otros, entregando desinteresadamente lo que somos y tenemos, el problema, en definitiva, no es propio sino que de esos otros. Eso cuenta para los idealistas que viven empeñados en hacer del mundo un lugar mejor, los individualistas y egocéntricos no tenemos escapatoria de ese problema basal.

No pretendo entregar una solución, pero me interesa mucho conocer la opinión de mis entrañables contertulios, ya que no pude disponerme a soportar el bombardeo de ironías desenfrenadas y reflexiones lapidarias con que hubiese diezmado mis capacidades de reacción intelectual Luis Eduardo, comentando “La Brevedad de la Vida”.

Sean breves por favor, no tengo todo el tiempo del mundo.

Roberto.
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PS. Mary, no estoy de vacaciones.

29 de diciembre de 2007

AL FINAL DE ESTE VIAJE.

“Mi nombre es Roberto Rabi. Quizá haya oído hablar de mi, pero es más probable que no. Da igual. Ese no es mi verdadero nombre. Mi verdadero nombre no lo recuerdo. Disculpe. No es que importe. Es decir, ya no”. (Parafraseando a Paul Auster en “Ciudad de Cristal”)

Así, como un par de millones de santiaguinos, termino el año: más que estresado, aturdido. No sólo por el transantiago, el pánico colectivo que han generado femicidios, alunizajes, secuestros con resultado de muerte y, en general toda la violencia desatada de nuestra tradicionalmente gris sociedad. Sino porque, a mi juicio, el 2007 no dejó casi nada bueno.

Lo peor de todo es que los gringos están en crisis, por lo que estamos bastante saltones, nuestro IPC se disparó durante el año, los consumidores, como yo, están endeudados hasta el quetejedi y el crecimiento no repunta. Si no fuera por el precio de los comodities como el cobre, nos estaríamos enfrentando a un panorama verdaderamente negro. Es cierto, a algunos les fue bien pese a todo. Me alegro sinceramente por ellos.

El panorama político es, por otra parte, complejo. Finalmente echaron a Adolfo, lo que deja la mesa servida para un reordenamiento de Concertación y Alianza. Siempre creí que los tres tercios tarde o temprano revivirían, toda vez que no me cabía en la cabeza que un católico, inspirado en Maritains, pudiese coexistir en un mismo hogar con un ateo inspirado en Marx, o al menos en Chomsky. Por muchos colores que tuviese el arcoiris. Hoy constatando la existencia de un “aliancismo laguista”, me ha quedado claro que cualquier ordenamiento es posible en Chile, porque esgrimiendo su desagrado por la política la mayoría de las personas -y casi la totalidad de los jóvenes- consideran innecesario tener una idea, por tosca que sea, sobre qué tipo de sociedad quieren. Así, para los políticos hoy es cuestión de asesorarse por publicistas, y nos meterán no sólo el dedo en la boca.

Sin embargo, en ese mismo orden de ideas parece asomar una respuesta, porque al ciudadano de a pie, a quién ya no le importa la estructura del sistema productivo, cómo se genere empleo, cómo se maneje el presupuesto (¡ni siquiera mucho las políticas tributarias!, lo que ya es demasiado decir) sí le importa que no lo caguen con el electrodoméstico que compró o que no le presten un servicio distinto del que le ofrecieron y por eso sí está dispuesto a reclamar. Tampoco le es indiferente lo que le ocurre cuando lo cogotean. Sino pregúntenle a Gonzalo Fuenzalida. Los pingüinos dieron el puntapié inicial el año pasado: por problemas específicos todos estamos dispuestos a levantar la voz. Siendo así, la suma de “demandantes sociales” podría generar un todo que mitigue las nefastas consecuencias de la apatía social, que ha permitido que ciertos políticos y tecnócratas nos tengan firmemente agarrados de los cocos (y similares, para que no me traten de misógino)

Esa es mi esperanza para el 2008, que de una vez por todas se abran las grandes alamedas y exijamos respeto. Sólo para empezar. En todo caso, rescato que no hemos perdido el sentido del humor el último bastión de lo auténticamente humano: es cuestión de ver la cantidad de chistes sobre el transantiago. Junto a la esperanza, nos ayuda a esperar un 2008 mejor.

Así sea.

Roberto

17 de diciembre de 2007

Tiempo de Comprar Regalos.

Una de las más groseras inconsecuencias de nuestro pueblo la podemos notar en estos días: ¿Quién no ha denostado el consumismo asociado a la navidad? ¿Quién no alega que se ha desnaturalizado una celebración de connotación esencialmente religiosa, destinada a la reflexión y a celebrar el nacimiento de la cara humana de Dios, al ritmo frenético de la compra de regalos? ¿Quién no evoca, en sus fetiches varios, la figura de un viejo abrigado a rabiar, con ropajes saturados de los colores de la Coca Cola mientras el termómetro marca más de 30º Celsius? (86 Fahrenheit, para los que ya comulgan con el concepto hasta en los detalles) Abusaré en este caso de la autoridad que me da no creer en ningún sentido trascendente de la navidad, y de ser bastante adorador de la estética roja verde y blanca para criticar un problema grave no de frivolidad (o si se quiere, no sólo de frivolidad) sino que primordialmente de consecuencia.

Hoy, como tratándose de la mayoría de los eventos, conceptos, símbolos y seres, cada uno de nosotros tiene una visión o teoría personal. Como Sick Boy en Trainspotting. La hacemos a nuestra medida, para efectos de justificar lo que hacemos y pensamos permitiéndonos alcanzar la comodidad intelectual, material y -sobre todo- moral. Tratándose de la navidad supongo que buena parte de estas teorías integradoras podrán explicar por qué la navidad es importante para nosotros, por qué se le entiende como una fiesta eminentemente espiritual y, al mismo tiempo, por qué los regalos y el consumo, terminan siendo lo medular.

Supongo que todo este sin sentido no nos parece escalofriante, porque, cual mal de muchos, prácticamente no hay nadie que se libre y ver al de al lado con la misma careta, el mismo discurso y la misma pretensión de trascendencia. Eso nos tranquiliza. Alguien dijo la navidad chilena es tan falsa como la sonrisa del Papa. Con aparadores repletos de pinos de plástico que en el peor de los casos son blancos –el arribismo de quienes creen que pueden igualar sus hogares al sur de Noruega-, se promueven en los recintos de compra y venta cuanta idiotez se les ocurra a los incubus de las jugueterías: macilentas muñecas de larga cabellera rubia capaces de recitar el padre nuestro en arameo y sin perder la compostura”. (1) Pues bien, para mí la falsedad esencial es que este entorno no nos disgusta y pretendemos que así es. Si verdaderamente el consumismo navideño nos repugnara en el fondo –en la forma no hay duda que molesta, porque no conozco a nadie tan enfermo como para sentirse cómodo en las aglomeraciones de los malls- sencillamente le daríamos a estos días el sentido espiritual que se pretende y punto. Los stocks de las multitiendas serían sólo volúmenes indescriptibles de banalidad despreciada.

En fin, así nos gusta. No me vengan con cuentos.

Roberto.

(1) Aníbal Venegas.

10 de diciembre de 2007

Tecnócratas,


“Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas”. (Diccionario RAE)

Se les considera altaneros, prepotentes, necesarios, incomprendidos, inhumanos. Los hay de todas las calidades y diseños. Y en todos los rincones de nuestra loca geografía.

Su sola existencia encierra una contradicción vital: no es posible adoptar decisiones meramente técnicas sin basarse siempre y a todo evento en consideraciones políticas previas. Porque la historia no se ha acabado, no existen consensos planetarios definitivos, ni siquiera, aunque muchos así lo asuman, la democracia y el neoliberalismo. Estos especímenes se han convertido en actores determinantes en el proceso de legitimación de los diversos planes y proyectos de diversa magnitud y fortuna. ¿Alguien dijo Transantiago por ahí?

Lamentablemente han fallado. Una y otra vez, y a veces con estrépito. ¿Por qué, si en nuestro país hay tan buenos profesionales y técnicos especializados? Una de las razones sin duda, es que independientemente se su real o presunta excelencia, se han caído. Y feo (¿Alguien dijo Transantiago?) Pero la cuestión central es que la relación entre los tecnócratas y los señores políticos está podrida, carece de armonía, de un Norte. Y peor aún, no hay sintonía entre el trabajo de unos y otros y el sentir popular. Eso no es menor: por muy equivocada, inculta y disparatada que sea la opinión de las masas, las decisiones no se pueden imponer eficientemente sin considerarla, por que ese es el destino de las sociedades humanas: el conocimiento se concentra en pocos, y su fruto se distribuye entre muchos, sólo si aquellos pocos son capaces de coordinar la manera. Si pueden y quieren. Las masas no tienen esa responsabilidad. Las masas son masas. En Chile recién se está comenzando a generar un germen de sociedad civil. Esperemos que se consolide pues ciertamente nos aleja del caos impidiendo la aplanadora tecnocrática cuando los señores políticos no son capaces.

Roberto.